
Nota de opinión por Dario Germán Barone.
Esta Copa Mundial de la FIFA 2026 les viene bien y mal a todos. Hay tópicos para lo positivo y también para lo negativo. En este Mundial tienen tela para cortar los haters u odiadores y también los loverso fans, los dos extremos de un fandom o espectro de seguidores futboleros.
En el medio están, y estamos, los que pueden disfrutar de todo ese movimiento de hinchas y goles, pero que también pueden señalar todo lo que está mal. Sin saturar con un recorrido minucioso de datos, podemos zigzaguear entre lo bueno y lo malo.
Empezando por el altísimo nivel de las figuras esperadas (Messi, Mbappé, Haaland, Kane, quienes están rompiendo los récords de goleadores), no nos olvidamos de los excesivos controles migratorios y de visados, con los pasos fronterizos politizados y con un triplete de países en la organización (Estados Unidos como jefe supremo, y con México y Canadá como partícipes necesarios).
En lo deportivo se vieron grandes partidos, grandes goles y a un Messi descomunal. Mientras tanto, los hinchas de todos los equipos hacen milagros para sortear la logística necesaria en los traslados desde una sede a la otra.
“El mundial más grande de todos los tiempos”; la frase tiene sentido por las distancias y por la cantidad de selecciones y partidos. Por la calidad de las figuras y por la catarata de marcas y plusmarcas que van cayendo una tras otra. Algunas por el peso de los futbolistas involucrados, la calidad. Pero en su mayoría por la cantidad de minutos en juego, es decir, por el peso específico de la cantidad y no de la calidad.
El récord de asistencia a los estadios, con las canchas llenas en casi todos los partidos, se contrapone con el excesivo precio de las entradas. Con el sistema de reventa legal y con el precio según la volatilidad de la oferta y la demanda, se llega a pagar una fortuna por un ticket de primera fase. Y ya se ofrecen las entradas de las finales a precios inverosímiles. Y es que siempre aparece alguien que las compra.
Un Mundial donde otra vez son los hinchas argentinos los que alegran la fiesta, en las canchas y fuera de ellas. “Esaaa locuuuraaa, no la traten de entender…”, dice la canción… y, definitivamente, los argentinos estamos locos.
Mientras tanto, el mundial bate récords de visualizaciones en redes sociales y plataformas digitales. Clink caja: los que tienen que facturar no paran de hacerlo.
Eso sí, nos caen simpáticos algunos debutantes, como Curazao o Cabo Verde, y pifiamos como locos en los pronósticos con amigos (más de uno creyó que podía ganarle un mango a Galperin en el prode de MP; ¡¡¡enseguida le vas a ganar, iluso!!!). A las escondidas, el señor Trump llamaba al bueno de Gianni para que le perdonen una roja a un jugador yanqui (y después va y lo cuenta frente a los micrófonos, ¿es o se hace?)… ¡¡¡para qué!!! La UEFA, Bélgica, España y tantos otros pusieron el grito en el cielo y sacaron comunicados indignados… Si Trump invadía Irán, Irak, Bulgaria, Venezuela o toda Sudamérica nadie se hubiese molestado en escandalizarse… pero el muy jodido pidió por un jugador expulsado… porque viste, amigo, con la deportividad no se jode… en fin.
En lo estrictamente futbolístico, este Mundial es de las grandes figuras, que están salvando los trapos y a sus equipos. Y también de algunos ilustres desconocidos que alcanzan sus 90 minutos de fama. Todos quisimos ser Vozinha alguna vez en la vida.
La vida es todo eso que pasa entre un mundial y otro, dicen algunos. La verdad es que yo no lo creo hasta que comienza la fiesta inaugural de un mundial, y lo empiezo a extrañar cuando termina el partido final. ¿Qué quiere que le cuente? ¿Lo que sufrimos y festejamos contra Egipto? No sé, ni tampoco sé cómo sigue todo esto.
Ojalá que cuando usted lea esta ensalada de datos y pensamientos, la Scaloneta todavía siga en carrera y, si me apura un poco, se lo tiro… ojalá que sea con una semifinal contra Inglaterra…
Qué mejor para cerrar el círculo de Diego y Lionel que un partido ante los piratas, con Messi metiendo un gol con la mano (imposible, maldito VAR), pero sí agarrando la pelota en la mitad de la cancha, gambeteando a todos los ingleses que se le crucen y metiendo un gol para todos los tiempos. Y que un relator tire algún sinónimo de “barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” mientras llora…
O tal vez, cuando lea esto, ya estemos eliminados y sean todos afroeuropeos los semifinalistas…
En definitiva, es un Mundial de Fútbol, ni más ni menos que eso. Con matices y con polémicas sociales como las que siempre rodean a estos acontecimientos, y con nosotros, los que tenemos que contar las cosas, mostrando las maravillas del fútbol sin esconder la basura debajo de la alfombra.
Y aunque usted no lo crea, hay menos basura de lo que parece. Y también salir campeones del mundo es menos importante de lo que se cree…
La vida es todo eso que pasa entre un mundial y otro. Pero lo real es saber que la vida es más importante que el mundial.
Aunque nos quedemos afónicos de tanto gritar un gol sobre la hora.



