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Ser periodista en tiempos de scroll

Nota de opinión por Antonella Rozas, periodista.

Cada 7 de junio nos saludamos entre colegas, compartimos alguna frase de Mariano Moreno y recordamos por qué elegimos esta profesión. Pero este año me encontré pensando menos en el pasado y más en el presente. Y sobre todo, en el futuro.

Tengo 31 años. Pertenezco a una generación que conoció las redacciones tradicionales, pero que también tuvo que aprender a comunicar en un mundo donde las noticias duran segundos, donde la atención se mide en vistas y donde muchas veces un título se consume más que el contenido que hay detrás.

Hoy dirigir un medio de comunicación implica mucho más que escribir una noticia. Significa entender nuevos lenguajes, adaptarse a plataformas que cambian constantemente, grabar videos, hacer transmisiones en vivo, generar contenido para redes sociales y, al mismo tiempo, intentar sostener la esencia de una profesión que nació para informar.

Vivimos en la era del scroll infinito. La gente consume información rápido. Muy rápido. Muchas veces lee el título, mira un video de treinta segundos y sigue adelante. Los periodistas enfrentamos el desafío de captar esa atención sin resignar profundidad, sin caer en la superficialidad y sin perder el compromiso con la verdad.

Porque detrás de cada noticia hay horas de trabajo que muchas veces no se ven. Hay llamados telefónicos, recorridas, entrevistas, chequeo de datos y la responsabilidad de publicar información que impacta en la vida de las personas.

En un contexto donde cualquiera puede comunicar desde un teléfono celular, el periodismo sigue teniendo una diferencia fundamental: la responsabilidad. No alcanza con contar algo. Hay que verificarlo. No alcanza con ser el primero. Hay que ser rigurosos.

Desde Shock Contenidos, Cordón Plus y Radio Shock intentamos todos los días estar donde ocurren las historias. Salir a la calle, escuchar a los vecinos, cubrir los acontecimientos importantes y también darle espacio a esas pequeñas historias que construyen la identidad de nuestras ciudades.

No es fácil. Los recursos son limitados, las exigencias son cada vez mayores y la competencia por la atención es feroz. Sin embargo, sigo creyendo que vale la pena.

También pienso mucho en las nuevas generaciones. En los jóvenes que quizás hoy miran el periodismo con cierta distancia o que lo conocen más por un video de TikTok que por una crónica periodística. Y ahí aparece otro desafío: transmitir el valor de esta profesión.

Siento que, en algún punto, hemos dejado de hablar del periodismo como un legado. Como un oficio que se aprende en la calle, escuchando, observando y preguntando. Como una herramienta para transformar realidades y construir ciudadanía.

Por eso creo que nuestro rol no es solamente informar. También es formar. Abrir espacios para que nuevos comunicadores puedan crecer, equivocarse, aprender y encontrar su propia voz.

El periodismo está cambiando. Los formatos cambian. Las plataformas cambian. Las audiencias cambian.

Lo que no debería cambiar es la pasión por contar historias, la curiosidad por entender lo que sucede y la convicción de que una sociedad mejor necesita información confiable.

En este Día del Periodista, más que celebrar una profesión, celebro la decisión de seguir ejerciéndola. De seguir saliendo a buscar noticias. De seguir apostando por medios locales independientes. De seguir creyendo que detrás de cada clic hay una persona que merece información de calidad.

Y mientras existan historias para contar, preguntas por hacer y verdades por buscar, el periodismo seguirá teniendo sentido.

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