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Indio: al fin, el viaje que es sólo de ida

La primera reacción fue gritar por escrito: «Nooooooo». Lo segundo, un ínfimo – y al cabo, miserable, abyecto – alivio: un diario desmintió.

Me animé y le escribí a Maxi, y él: «Espero que no sea cierto». Pero llegó una foto. Y se acercó a mi covacha de laburo mi amigo Pasqui para afirmarlo. Me levanté de la silla. Salí de donde estaba. Y Marcelo se los contaba ya a miles de personas.

Chau. Lo siguiente fue como caer por toda la cuenta. Ese hermoso ser que es Maru vino porque me conoce y sabe. Su mano extendida. Su expresión. Su voz ahogada. «Martín está llorando». Chau.

A sus 77 años, Carlos Alberto «Indio» Solari salió en el viaje que es sólo de ida en esta mañana cruel del viernes 5 de junio de 2026. Estaba en su casa de Parque Leloir, provincia de Buenos Aires; supongo que junto con Virginia, su compañera, su amor. Había abierto sus ojos al mundo el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos. El Parkinson lo estaba desarmando desde hacía años. Habrá sido ésa la causa. Ya sabremos. ¿Importa? No lo creo.

Ni gustos ni coincidencias o discrepancias ni amores u odios. A los hechos: fue, es y será ícono, emblema, figura abismalmente central de la música argentina toda. Y más aún: de la cultura nacional. Con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota – fundada y liderada desde 1976 por la Profanísima Trinidad que formó junto a La Negra Poly y Skay Beilinson – generó un fenómeno masivo tan enorme que se tornó inabarcable para cualquier intento de analizarlo: ningún ensayo deja conforme.

Los Redondos: refugio identitario signado por las más grandes migraciones que se hubieran visto para asistir a los recitales, con tres generaciones de gentes de toda laya (porque no se trataba sólo de marginados, excluidos y cosa por el estilo) que viajábamos a donde fuera por las rutas de la fe. Barro, fe y memoria colectiva. Para bien y/o para mal, huella indeleble en la cultura de esta tierra.

Con lírica y poesía críptica dejó sin sustento las aseveraciones teñidas de supuesto academicismo que señalaban que lo que no se entiende de forma unívoca no puede ser asimilado. ¡Ja! Sus letras terminaron siendo un secreto compartido por generaciones y generaciones que se permiten coincidir en que vivir sólo cuesta vida.

En 2017 dejó de pisar las tablas porque ese mal – que el blanqueó en 2015; aquella impactante frase «no es cáncer ni sida» – se interpuso y fue impasable. Pero nunca dejó sola a la gente que fue la más fiel concurrente a «misa»: siguió escribiendo, componiendo, pintando, grabando, comunicando y hasta apareciendo en video en los shows de esa muchachada tan sentimental como talentosa que le bancó y seguirá bancándole los trapos: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Nadie es perfecto. Menos que menos, él. Así como amores, cosechó también broncas, y no todas fueron infundadas. Así como conquistas, también sumó derrotas, y no todas fueron inmerecidas. Así como acertó celestialmente, también pifió feo. Rock fuerte, en definitiva.

«Ahora sos la luz que viaja entre nosotros y para siempre», escribió Skay. «Lástima que no lo pudimos ver reconciliado con Poly y Skay», me dijo Diego.

En primera persona: estoy seguro de que para mucha más gente que la que podrá suponerse a priori, Indio Solari ayudó de manera vital a aprender que en el país del desamparo, la salvación es menos difícil junto al de al lado.

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