
Opinion por Gimena Bulla Licenciada en Psicopedagogía. Docente Universitaria, Posgrado en Adolescencias complejas . Posgrado en Terapia Cognitiva en Adultos Mayores
Hablar de personas mayores no debería ser únicamente tema de jubilaciones, medicamentos, enfermedades o cuidados. Hablar de vejez es también reivindicar derechos, autonomía, participación, vínculos, espacios, proyectos, deseos y oportunidades.
Pero, entonces, ¿Qué es la vejez? ¿Es una edad determinada? ¿Es el momento en que dejamos de trabajar? ¿Es dejar de proyectar? ¿Es depender de otros? ¿O es una etapa más del curso de la vida, atravesada por historias, experiencias, aprendizajes, pérdidas y también por nuevas posibilidades? La licenciada Marcela Romero, especialista en Psicogerontología, al hablar del proyecto personal del adulto mayor, nos invita justamente a pensar la vejez desde otro lugar: como una etapa en la que todavía es posible elegir, construir, resignificar y proyectar. La persona mayor continúa siendo sujeto de decisiones, deseos y proyectos. Envejecer no debería significar renunciar a la posibilidad de imaginar un futuro.
Y esto nos lleva directamente a pensar en las ciudades:¿Tenemos ciudades preparadas para las personas mayores?
En este sentido, creo que es importante reconocer que San Lorenzo viene dando pasos concretos. Nuestra ciudad tiene una trayectoria de trabajo con las personas mayores que comenzó hace ya varios años. El Parlamento de Adultos Mayores constituye un importante espacio de participación, diálogo y construcción colectiva, donde las propias personas mayores pueden expresar sus necesidades, propuestas y miradas sobre la ciudad. También existen propuestas como los Talleres de la Memoria y diferentes espacios educativos, recreativos, culturales y de participación. Y, recientemente, desde el Concejo Municipal, dimos un paso más con la creación de la Defensoría de los Derechos de las Personas Mayores, pensada como un espacio de asesoramiento, acompañamiento y defensa de derechos frente a las distintas problemáticas que pueden atravesar nuestros adultos mayores.
Por eso, podemos decir que San Lorenzo es una ciudad que se ocupa de sus personas mayores y que viene construyendo políticas específicas para acompañarlas. Pero reconocer lo que se hizo no significa creer que está todo resuelto… Una población que envejece nos obliga a seguir pensando, revisando y ampliando nuestras políticas públicas. Porque las necesidades de las personas mayores también cambian.
Hoy hablamos de inclusión digital, de acceso a la información, de nuevas formas de participación, de salud mental, de accesibilidad, pero también hablamos de algo fundamental: del derecho a seguir teniendo un proyecto de vida. Porque cuidar no significa decidir por el otro. El viejismo nos permite reconocer los prejuicios, estereotipos y formas de discriminación que recaen sobre las personas simplemente por ser viejas. Estos prejuicios muchas veces aparecen de maneras silenciosas. Cuando suponemos que una persona mayor “ya no puede”. Cuando hablamos por ella. Cuando creemos que no puede aprender. Cuando decidimos que ya no necesita enamorarse, estudiar, trabajar, viajar, bailar o comenzar algo nuevo. Cuando la tratamos como si fuera un niño/a. Cuando dejamos de preguntarle qué quiere. También hay viejismo cuando dejamos de escuchar. Por eso necesitamos transformar nuestros espacios y nuestras prácticas.
Pregonamos una ciudad donde las personas puedan envejecer en su barrio, mantener sus vínculos, circular con autonomía, acceder a la salud, participar de actividades, aprender nuevas tecnologías, encontrarse con otros y continuar construyendo su propio proyecto de vida. Porque una ciudad que acompaña el envejecimiento no es solamente aquella que atiende una necesidad cuando aparece un problema. Es aquella que previene, escucha, genera espacios, promueve derechos y construye comunidad antes de que la vulnerabilidad aparezca.



