
Decidir con Futuro está destinado a adolescentes de entre 15 y 20 años y propone encuentros en escuelas, clubes e instituciones para reflexionar sobre la presión social, la violencia, las apuestas, las relaciones tóxicas y otras conductas de riesgo. “Un segundo para pensar, una vida para vivir”, es uno de los conceptos que impulsa la iniciativa.
La presión por pertenecer, el miedo a quedar expuesto en las redes sociales, el bullying que no termina cuando suena el timbre y los consumos problemáticos forman parte de una realidad que atraviesa a miles de adolescentes. Frente a ese escenario, el programa Decidir con Futuro busca generar espacios de diálogo y reflexión para que los jóvenes puedan reconocer situaciones de riesgo, pensar las consecuencias de sus actos y contar con herramientas para tomar decisiones más conscientes.
La iniciativa es impulsada por Fabio Rovere, coordinador departamental del Partido Socialista, junto a Pablo Sucarrat, psicólogo, y recorre la región con propuestas destinadas a jóvenes de entre 15 y 20 años. A través de encuentros en escuelas, clubes e instituciones, el proyecto pone sobre la mesa problemáticas que muchas veces permanecen silenciadas y que requieren respuestas colectivas.

“Decidir con Futuro nace desde la postura de ser padre, y padre de adolescente”, explicó Rovere al referirse al origen de la propuesta. La intención, señaló, es dejar de observar las dificultades de los jóvenes desde afuera y comenzar a involucrarse para contribuir a una sociedad mejor.
De la presión social a la soledad: los riesgos que enfrentan los adolescentes
Uno de los ejes centrales del programa es la salud mental juvenil y el impacto que tienen las nuevas formas de vincularse. En ese contexto, Sucarrat y Rovere advierten sobre un escenario en el que las presiones sociales, la exposición permanente y la necesidad de aceptación pueden profundizar situaciones de angustia y aislamiento.
El bullying es uno de los ejemplos más claros de esa transformación. Lo que antes podía comenzar y terminar en la escuela o en la esquina hoy encuentra continuidad en las redes sociales, los grupos de mensajería y los espacios virtuales. La violencia ya no necesariamente queda atrás al salir de una institución: puede acompañar a un adolescente durante todo el día.
“Hoy comienza en las redes sociales o a través del celular, sigue en el ámbito académico, en la escuela o en el club, y luego continúa en grupos virtuales”, describieron durante la entrevista.
En ese circuito, la exposición pública y el temor al rechazo adquieren un peso particular. La posibilidad de ser escrachado, quedar afuera de un grupo o convertirse en blanco de burlas puede generar consecuencias que exceden ampliamente el episodio que las origina.
La preocupación también alcanza a los consumos problemáticos, que no se limitan al alcohol u otras sustancias. El uso del celular, las apuestas ilegales y las relaciones tóxicas aparecen entre las conductas que el programa busca abordar, especialmente cuando la presión del entorno dificulta reconocer los límites o pedir ayuda.
Otro punto de alarma es la salud mental y la prevención del suicidio. Durante la conversación, los impulsores remarcaron la importancia de abordar estas situaciones desde edades tempranas y generar espacios donde los chicos puedan hablar de lo que les pasa sin miedo a ser juzgados.
Un espacio para frenar, pensar y pedir ayuda
Frente a estas problemáticas, Decidir con Futuro propone una herramienta concreta: abrir conversaciones antes de que una situación de riesgo se convierta en un problema mayor. Los encuentros buscan que los jóvenes puedan reconocer las presiones que reciben, cuestionar conductas naturalizadas y reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones.
La propuesta también pone el foco en el papel de los adultos. Familias, docentes, referentes deportivos e instituciones tienen la posibilidad de acompañar a los adolescentes, escuchar sus preocupaciones y advertir señales que muchas veces quedan ocultas detrás de silencios, cambios de conducta o conflictos cotidianos.
El objetivo no es señalar ni culpabilizar a los jóvenes, sino ofrecerles herramientas para atravesar una etapa marcada por cambios, vínculos intensos y una fuerte necesidad de pertenencia. Para eso, el diálogo y la prevención resultan fundamentales.
“Tenemos que poner un freno, parar la pelota y entender que a veces, en esta locura que nos lleva la presión social, tenemos un segundo para pensar, pero una hermosa vida para vivir”, sostuvo Rovere.



