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Orgullo: la libertad de poder ser quien somos

NOTA DE OPINIÓN POR GIULIANO DE LUCA.

Cada 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo, una fecha que nos invita a recordar una historia de lucha, pero también a celebrar algo tan importante como el derecho de cada persona a ser quien es.

Cuando pensamos en la palabra “orgullo”, muchas veces aparecen imágenes de colores, banderas y celebraciones. Y sí, todo eso forma parte de este día. Pero para mí el orgullo tiene un significado mucho más profundo: es mirar el camino recorrido, reconocer las dificultades que atravesamos y valorar la libertad de poder mostrarnos tal cual somos.

Estas fechas me emocionan porque inevitablemente me hacen pensar en mi propia historia. En todo lo que viví, en momentos donde hubo bullying, discriminación o situaciones que dejaron marcas. Pero también pienso en todo lo bueno: el amor y el acompañamiento de mis padres, mi familia, mis amigos y todas las personas que estuvieron a mi lado y que, de alguna manera, ayudaron a construir la persona que soy hoy.

Poder sentir orgullo de quien soy también significa mirar hacia atrás y entender que cada experiencia, incluso las más difíciles, forman parte del camino. Y hay algo que tiene un valor enorme: escuchar de las personas que más amo que están orgullosas de mí. Porque muchas veces una de las cosas que más necesitamos en la vida es sentir que quienes nos rodean nos ven, nos aceptan y nos quieren tal como somos.

El orgullo también es un mensaje para las familias, los amigos, los hermanos, los hijos y todas aquellas personas que tienen cerca a alguien de la comunidad LGBT+. A veces no hace falta tener todas las respuestas: muchas veces alcanza con escuchar, acompañar, abrazar y hacerle saber a esa persona que no está sola.

Que nadie crezca sintiendo que es raro, que está equivocado o que tiene algo que cambiar para ser querido. No hay nada que corregir cuando hablamos de amar, de sentir o de construir una vida desde la autenticidad. El amor es amor.

También creo que una sociedad más justa se construye entendiendo algo muy simple: todas las personas merecen los mismos derechos y las mismas oportunidades. Mientras nuestras decisiones no perjudiquen a nadie, cada persona debería poder vivir libremente, elegir a quién amar y expresarse como quiera.

“Todas las personas, todos los derechos” es una frase que resume mucho de lo que representa esta fecha: que la igualdad no debería depender de quién somos, de a quién amamos o de cómo elegimos vivir.

A veces escuchamos decir que la discriminación, la homofobia o la transfobia son solamente cuestiones de generaciones anteriores, pero la realidad nos demuestra que no siempre es así. Hay jóvenes que todavía repiten palabras que lastiman, así como también hay personas adultas y mayores que nos sorprenden con su amor, su respeto y su capacidad de acompañar.

La transformación no depende solamente de la edad, sino de la voluntad de aprender, de escuchar y de entender que del otro lado hay una persona con una historia, con sentimientos y con sueños, igual que cualquiera.

Quizás el orgullo también sea eso: transformar las heridas que alguna vez nos dolieron en empatía para que a otros no les duelan tanto.

Ojalá las nuevas generaciones puedan crecer en un mundo donde nadie tenga que esconder quién es para sentirse aceptado. Un mundo donde cada persona pueda amar, soñar y construir su vida con la misma libertad que cualquier otra.

Porque el orgullo no es sentirse más que nadie. Es dejar de sentirse menos. Es poder decir: esta es mi historia, esta es mi vida y estoy felizmente orgulloso de ser quien soy.

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