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Cuando la violencia golpea dos veces

Opinión: por Jemina Churrarain y Clara Suárez

Una escalada brutal de violencia contra las mujeres vuelve a conmocionarnos. Apenas en las últimas dos semanas ya se contabilizan tres femicidios y un intento de femicidio.

El asesinato de Carina Candelas en manos de su ex pareja, el femicida Martin Bachero, movilizó a la ciudad rosarina y a todo el movimiento de mujeres de Santa Fe. Carina tenía 56 años y estaba trabajando en una farmacia cuando su agresor, quien ya venía presentando conductas de hostigamiento desde diciembre del año pasado, la mató delante de sus compañeras el pasado miércoles 19.

Antes de Carina, el 4 de agosto, asesinaron a Débora, una mujer de 31 años que se desempeñaba como trabajadora sexual, siendo su femicida Axel Mendoza, quien la mató en su domicilio y el 11 del mismo mes nos arrebataron a Gabriela Banach, militante trans de Rosario, un caso que continúa siendo investigado por causales de odio de género y por el cual se encuentra detenido Juan Gabriel A.

Como si la indignación no fuera suficiente, el viernes 21 nos despertamos con otra noticia igualmente dolorosa: una chica de 18 años fue atacada por su pareja, un muchacho de 19 años de nombre Luciano De Gaspari, quien intentó cometer el femicidio y luego quitarse la vida. La víctima fue intervenida en un hospital y se encuentra en grave estado. El hecho ocurrió apenas a 750 metros del femicidio de Carina.

Las cifras de una emergencia.

Las estadísticas son preocupantes: 32 femicidios en Santa Fe durante este año (10 femicidios más que el año pasado durante el mismo período), un total de 147 femicidios en Argentina durante el primer semestre y 3205 femicidios en los últimos 10 años.

La violencia contra las mujeres se da en un contexto difícil. Mientras el gobierno nacional pone el foco en las feministas como culpables de la crisis económica del país, el colectivo de mujeres sostiene la lucha por mayor presupuesto y la declaración de la emergencia nacional en violencia contra las mujeres.

Por un lado, el desfinanciamiento de los recursos estatales para abordar la problemática asi como ciertos discursos misóginos y de odio que se propagan avalando dichas violencias repercuten de manera directa en la cotidianeidad de las mujeres. Menor presupuesto para herramientas como la línea 144 o la ESI y un poder judicial lento y machista son elementos que influyen en la problemática. A su vez, la precariedad laboral, la mayor carga horaria (ya que las mujeres son las que mayormente asumen las tareas de cuidado dentro de sus hogares) y las complejas dificultades para sostenerse económicamente muchas veces representan factores para que las mujeres dependan de sus agresores para subsistir oencuentren obstáculos para poder afrontar situaciones de violencia.

Vivas, libres y desendeudadas nos queremos.

Las mujeres somos doblemente oprimidas: por nuestro género, pero también por nuestra pertenencia de clase. La violencia machista no afecta a todas de la misma manera. Este modelo económico produce las condiciones de vulnerabilidad sobre las que se profundiza la violencia, generando mayor endeudamiento y dependencia para la mayoría de nosotras.
Por eso, en este contexto discutir cómo enfrentar la violencia de género también requiere discutir qué proyecto económico y de país queremos.

Involucrarnos en los debates actuales, organizarnos en la lucha, movilizarnos en las calles y concientizar sobre la problemática, este es el camino que marcan las mujeres. Así lo demuestran las movilizaciones en Rosario por Carina, por Débora, por Gabriela y así lo muestran los encuentros de mujeres en nuestro país, dejando un pedido claro y digno: justicia por todas las mujeres asesinadas, ni una menos, vivas, libres y desendeudadas nos queremos.

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