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Villa El Prado, el club que se niega a desaparecer, pese al desprecio de la Justicia

El Club Atlético Villa El Prado, de Capitán Bermúdez, fue fundado el 8 de junio de 1927. Durante décadas se erigió en una de las instituciones más representativas de lo que en Argentina denominamos – y muchos veneramos – como «club de barrio». El básquet, el voley y sobre todo, el patín, resaltaron entre las disciplinas deportivas que allí se practicaron.

Pero un club no es sólo la actividad deportiva. Es también un lugar para el ocio bien entendido y para la recreación y – muy importante – un ámbito para la socialización. Genera identidad y pertenencia, y la convivencia entre personas diferentes. Un club tampoco nace de un día para el otro. Sus instalaciones suelen ser el resultado de años de trabajo realizado de corazón sobre la base de un sueño o de una necesidad de una comunidad que se organiza. Y hoy, la comunidad que aboga por que Villa El Prado no desaparezca está en problemas.

Volvía a la vida, pero…

El 9 de mayo de 2025, cordonplus.ar publicó una nota titulada «El Club Villa El Prado vuelve a la vida» (https://cordonplus.ar/el-club-villa-el-prado-vuelve-a-la-vida-comienza-la-normalizacion-de-una-entidad-barrial-historica/). En ella se anunciaba que el 15 del mismo mes se celebraría la primera jornada de reempadronamiento de socios, lo que suponía dar el primer paso hacia la reapertura de la sede ubicada en Joaquín V. González 52, elecciones de comisión directiva mediante. Así parecía concluir, satisfactoriamente, la brega de casi tres años de duración de un grupo de vecinos que presentó una denuncia – sustentada con más de mil firmas – en lo que aún era la IGPJ de Rosario y que, ante la prolongada falta de respuesta oficial, concretó tres eventos para dar difusión, trascendencia y permanencia a la causa.

«Con una comisión directiva establecida, el club podría reabrir, levantar la clausura que tiene de parte de la Municipalidad y poner en condiciones sus instalaciones para empezar algún tipo de actividad», toma el relato Lucía Rivero, «nacida y criada» en el club. «El normalizador designado, el abogado Esteban Ruiz – vecino de Villa el Prado -, tomó ese cargo en marzo de 2025 y en abril convocó al reempadronamiento, que duró desde mayo hasta el 30 de junio. Pero el llamado a asamblea de socios para designación de la comisión (exigida por la IGPJ) nunca se cristalizó. Y de ahí en adelante las comunicaciones fueron mínimas y se sucedieron varias inconsistencias«, agrega la mujer.

«A mediados de enero del 2026, Ruiz nos dijo que tenía cita en el RPJEC (Registro de Personas Jurídicas, Empresas y Contratos; exIGPJ); luego, que se la cancelaron, y así siguió durante semanas con el mismo repetido discurso. Entonces, el 10 de marzo, vecinos autoconvocados hicieron una presentación – firmada por 50 socios activos – en la sede del RPJEC, donde les fue comunicado que la resolución sobre el club llevaba un año archivada, sin registrar actividad». Decir inconsistencia parece poco…

«Enviamos dos correos electrónicos (canal oficial que RPJEC reconoce para determinadas peticiones) solicitando una reunión urgente con el director del Registro, dr. Caín Gamerro, pero hasta hoy no hemos recibido respuesta», completa, preocupada, Rivero, quien también cuenta que el 28 de marzo visitaron la sede para hacer un registro del estado de las instalaciones, encontrando «grave deterioro estructural en fachada, en salubridad y en seguridad».

Desde tu corazón, nuevamente

«Dudo que se pierda aquel viejo recuerdo»
(León Gieco: «Desde tu corazón»)

«Parece que todas las puertas se cierran en este camino», se aflige Lu. «¿Quién está poniendo trabas? ¿Por qué a un club que llevaba 20 años acéfalo y estaba en funcionamiento con documentación fraudulenta no se le da respuesta definitiva y transparente hoy, que se llegó casi al final del camino legal correspondiente?», se pregunta, aún sabiendo que la respuesta es incierta. Pero se repone: «Estamos agotados de golpear puertas, escuchar mentiras y acuñar falsas esperanzas, pero no vamos a soltar esta causa».

«Que cada quien se haga responsable de su parte y así podamos frenar el deterioro de las instalaciones y activar un hermoso club que debería estar lleno de vecinos haciendo deporte y no, de nidos de palomas», concluye, firme todavía, Lucía Rivero. Al fin y al cabo, «a cierta edad hay una inmensa pared / que a veces es preciso volver / a saltar / desde tu corazón nuevamente…»

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