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Sin solución… ¿Sin sensibilidad?: alumnos de Ricardone padecen por la frecuencia de colectivos

(Ph: 11noticias.com)

No menos de 100 alumnos de secundario y de terciario que viven en esa localidad, distante apenas 10 kilómetros de San Lorenzo, están atravesando una circunstancia muy compleja que pone en jaque su posibilidad de seguir con sus estudios: la frecuencia del transporte público de pasajeros, que luce «desconectada» de la necesidad de esos jóvenes y, también, de no pocos trabajadores afincados allí.

El servicio público es prestado por la empresa Tata Rápido. «El primer servicio rumbo a San Lorenzo, Puerto San Martín, Aldao, parte de Ricardone a las 6 AM. Pero en San Lorenzo, el ingreso escolar más temprano es a las 7, con lo que chicos y chicas quedan en la calle, como mínimo, más de media hora esperando para entrar, con el riesgo que eso conlleva», cuenta Florencia Sosa, madre de 2 hijos y que trabaja como asistente escolar reemplazante en varias instituciones del Cordón. «Luego de la pandemia, Tata reemplazó a Serodino, cuyo primer servicio salía a la hora 6.25 desde acá, dejándonos en San Lorenzo a eso de las 6:50. El horario cambió y nos resulta muy perjudicial: el que sigue al de las 6 AM parte a las 9:20», agrega.

Para peor, los alumnos no pueden ingresar a la escuela cuando llegan: «El gobierno de Pullaro dispuso que ningún alumno puede ingresar al establecimiento educativo antes de 15 minutos de su horario de inicio de clases. Antes, ese período era de 30 minutos. Es por un tema de seguro», explica la mujer, que cuenta que gasta 30 mil pesos diarios en taxi para los traslados, ante esta situación.

«Lo que muchos hacen es viajar desde Ricardone hasta la ruta 11; bajar y esperar allí el colectivo de Rosario Bus que viene desde Rosario y puede llevarlos hasta San Lorenzo o Puerto. Y al volver, lo mismo, con el detalle de que el que une Rosario con Ricardone – por ruta A0 12 – pasa cada una hora. Pero muchas veces no logran una combinación justa entre colectivos y llegan tarde, o deben esperar mucho tiempo en la parada de Molinos Río de la Plata, con el nivel de delincuencia que hay«, se aflige. «Además, no todos cuentan con el dinero para 4 colectivos diarios, y eso hace que pierdan actividades de contra turno, como Educación Física o talleres», prosigue esta señora, que decidió acudir a los medios de comunicación ante la prolongada ausencia de respuestas favorables para la inquietud de tanto vecino preocupado.

Ni la empresa ni las autoridades

La cuestión lleva irresoluta no menos de dos años. La señora Sosa cuenta que Tata no ha sido permeable a alternativa alguna («le pedimos que atrase el horario de salida del primer servicio o que ponga un refuerzo a las 6:20, porque no es lo mismo esperar en la calle media hora que más de una hora») y que tampoco dio sus frutos la petición elevada al presidente comunal, Facundo Morandín, para que sea nexo entre usuarios y la transportista: «Él nos dijo que Tata no quiere sumar frecuencias porque pierde dinero, ya que la gran mayoría de los que viajan son docentes, asistentes escolares y alumnos que cuentan con el Boleto Educativo Gratuito. Pero eso no es verdad: el gobierno provincial les paga a las empresas por esos boletos».

Florencia tiene razón: el Ministerio de Educación de Santa Fe informa que «El costo del Boleto Educativo Gratuito (…) es cubierto principalmente por el Estado Provincial (…) a través de subsidios directos a las empresas de transporte». Y ella aporta más: «El presidente comunal nos propuso que compartamos entre familias viajes en taxis. Nosotros contraofertamos que contrate a un servicio privado para pagarlo entre todos. Pero una traffic para 15 personas, con horario y punto de salida fijos cuesta 220 mil pesos diarios».

Para la gran cantidad de gente afectada por esta instancia, la problemática va más allá. «También le planteamos a Morandín que esto atenta contra el derecho a la educación, que está garantizado por la Constitución. Y no puede ser que sea el ciudadano quien tenga que resolver: si una empresa ofrece un servicio, que se adecue a la necesidad de quien es el usuario. Tengo la sensación de que las autoridades no conocen en su totalidad qué les pueden exigir a las empresas«.

Apenas, el mal menor

«Con tanto riesgo que pueden correr nuestros hijos antes de entrar a clases o después de salir, prefiero pagar los taxis. Al final, uno termina eligiendo eso: pagar un montón de dinero antes de que sus hijos estén a la deriva más de una hora y expuestos a que les roben. Por ahora, con mi esposo podemos pagarlos, pero reduciendo un montón de cosas y no sé por cuánto tiempo más podremos hacerlo», describe Florencia.

«No pasa por compartir gastos y menos, por las posibilidades del bolsillo de cada uno. Pasa por exigir que las normas se cumplan y por no naturalizar que las cosas se hagan mal cuando se puede hacerlas bien«, postula.

Futuro complejo

La difícil coyuntura expuesta está directamente relacionada con otro inconveniente que también existe desde hace tiempo: la falta de cupos en la secundaria de Ricardone, que lleva a que cada año que pasa, numerosa cantidad de jóvenes deban proseguir sus estudios fuera de esa localidad. «Desde el primario egresan entre 120 y 150 chicos y la secundaria tiene cupos para menos de la mitad. La matemática no falla», expone Sosa.

«Se construyeron aulas en la secundaria, pero necesitamos que se creen cargos educativos. O sea, es todo un compendio de malas acciones consecutivas. Dentro de 100 años Ricardone aún estará acá y los chicos seguirán estudiando; por eso, no es ilógico ni descabellado lo que pedimos».

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