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Juan, el chico de San Lorenzo que le ganó al cáncer: una historia de fuerza, humor y amor incondicional

Juan tiene 15 años, es de San Lorenzo y hoy su nombre es sinónimo de esperanza. Esta semana recibió una de las noticias más esperadas: su cuerpo ya no tiene células cancerígenas y no deberá continuar con quimioterapia. Detrás de ese alivio hay una historia dura, profunda y profundamente humana, atravesada por el amor incondicional de su mamá, Isabel, y una actitud que nunca se rindió.

Todo comenzó en julio del año pasado, cuando a Juan —que entonces tenía 14 años— le diagnosticaron sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer poco frecuente. El tumor estaba alojado en el músculo de la espalda y comprometía una vértebra. A partir de ese momento, la vida cambió por completo.

El tratamiento fue largo y complejo: 7 cirugías, 9 meses de quimioterapia y 25 sesiones de radioterapia. Los médicos debieron retirarle el tumor y una vértebra, por lo que hoy Juan tiene una prótesis en la espalda. Todo el proceso se llevó adelante en el Sanatorio de Niños de Rosario.

Pero si algo destacan quienes estuvieron cerca, es que desde el primer día su respuesta al tratamiento estuvo marcada por su actitud. Juan nunca perdió el buen humor. Incluso en los momentos más críticos, siempre había lugar para un chiste, una sonrisa, una forma de aliviar el dolor propio y el de los demás.

“Fue duro, muy duro, pero siempre encontraba la forma de hacer un chiste, incluso en situaciones graves”, cuenta Isabel.

Juan siempre supo que iba a salir adelante. Esa convicción fue un pilar fundamental. Sin embargo, el proceso también implicó pérdidas difíciles: tuvo que dejar el colegio a mitad de primer año, alejarse de sus amigos y encerrarse en una rutina de cuidados extremos.

“Fue como otra pandemia”, describe su mamá. Nadie entraba ni salía de la casa. El aislamiento, el miedo y la incertidumbre formaban parte del día a día.

Isabel atravesó todo prácticamente sola. Durante el tratamiento hubo mudanzas, problemas legales por la cuota alimentaria y una carga emocional enorme. Aun así, nunca bajó los brazos.

“A los cuidadores nadie nos cuida. Tenemos que mostrarnos fuertes para que el enfermo no se caiga”, reflexiona. “Hubo momentos en los que nos caímos los dos, pero duraban minutos. Nos levantábamos y seguíamos”.

Este jueves 8 de enero, llegó la confirmación que esperaban: Juan está sano. No hay rastros de la enfermedad y ya no necesita quimioterapia. Si bien el alta definitiva será dentro de cinco años —con controles periódicos en el camino—, hoy la palabra que define este momento es alivio.

Juan pasó de ser un adolescente común a un verdadero ejemplo de resiliencia. Su historia no solo habla de cáncer y tratamientos, sino de actitud, amor, humor en medio del dolor y una madre que sostuvo todo cuando parecía imposible.

Al final del camino, Isabel también deja una reflexión que nace desde lo más profundo de su experiencia:

“Cuando uno está viviendo dentro de un hospital, de un sanatorio, ve un montón de otras historias de personas con cosas parecidas, similares o peores. Eso te cambia la perspectiva, te hace agradecer que, por ahí, a tu hijo no le tocó tanto. Muchos chicos quedaron en el camino, y hoy los padres de esos chicos que no pudieron seguir… hoy esos padres me mandan mensajes. Es durísimo”.

Un testimonio que resume el dolor, la empatía y la conciencia que deja atravesar una experiencia así. Y que convierte la historia de Juan no solo en una victoria personal, sino también en un abrazo silencioso para todas las familias que siguen luchando.

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