
Por Leonardo Raimundo, intendente de San Lorenzo.
La autonomía municipal es mucho más que una herramienta administrativa. Es la posibilidad de que una ciudad pueda decidir sobre su propio destino, establecer sus reglas de funcionamiento y organizar sus instituciones de acuerdo con su historia, su identidad y las necesidades de sus vecinos.
Durante muchos años, los municipios de Santa Fe estuvimos sujetos a un mismo marco institucional, establecido por leyes provinciales que debían aplicarse por igual a realidades muy diferentes. Sin embargo, cada ciudad tiene sus particularidades, sus desafíos y sus propias necesidades. No es lo mismo administrar una localidad pequeña que una ciudad con la historia, el desarrollo industrial, la actividad portuaria y el crecimiento urbano que tiene San Lorenzo.
Por eso, considero que el reconocimiento de la autonomía municipal en la nueva Constitución de Santa Fe representa un paso fundamental. Nos permite avanzar hacia un modelo en el que las decisiones sobre nuestra organización institucional puedan surgir de nuestra propia realidad.
¿Qué significa esto concretamente? Significa que San Lorenzo tendrá la posibilidad de contar con su primera Carta Orgánica Municipal: una norma fundamental que establecerá cómo queremos organizarnos, cuáles serán las atribuciones de nuestras instituciones, qué mecanismos de control tendrá el Estado local y cuáles serán las reglas que orienten el funcionamiento del municipio.
Como intendente, fui uno de los primeros en la provincia en impulsar este camino, enviando al Concejo Municipal un proyecto de ordenanza para establecer los pasos necesarios para alcanzar la autonomía.
El próximo año tendremos una instancia histórica: los vecinos elegirán a 16 convencionales estatuyentes titulares y cuatro suplentes, que tendrán la responsabilidad y el honor de redactar nuestra primera Carta Orgánica. La elección se realizará junto con los comicios municipales, sin generar un costo electoral adicional, y quienes asuman esa tarea lo harán de manera ad honorem.
Pero quiero destacar algo: esta no debe ser una discusión exclusiva de la política. La Carta Orgánica será una construcción institucional que trascenderá a cualquier gobierno y que deberá representar una visión de ciudad compartida. Es una oportunidad para que participen distintas voces, instituciones, sectores sociales y ciudadanos que quieran aportar a la San Lorenzo del futuro.
Estoy convencido de que la autonomía también implica una mayor responsabilidad. No se trata solamente de tener más facultades para decidir, sino de ejercerlas con planificación, transparencia y compromiso. Queremos un municipio sustentable y sostenible, con recursos propios y capacidad para administrar sus prioridades, mejorar los servicios, ordenar el crecimiento urbano y promover el desarrollo.
San Lorenzo tiene una identidad muy fuerte y ocupa un lugar estratégico en la provincia y en el país. Su historia, su actividad productiva, su perfil industrial y portuario y el esfuerzo de su gente nos plantean desafíos que necesitan respuestas pensadas desde nuestra propia realidad.
La autonomía nos brinda herramientas para afrontar esos desafíos con una mirada de largo plazo. Nos permite pensar una ciudad que no dependa exclusivamente de decisiones tomadas desde otros niveles del Estado, sino que tenga mayor capacidad para definir sus políticas y construir su propio camino, siempre dentro del marco constitucional.
Creo que estamos ante una oportunidad que debemos aprovechar. Las decisiones que tomemos en este proceso no serán solamente para el presente: van a establecer las bases institucionales de la ciudad que tendrán las próximas generaciones.
Quiero una San Lorenzo moderna, pluralista, democrática, con instituciones sólidas, controles adecuados y una visión de futuro. Una ciudad que pueda crecer, desarrollarse y mejorar la calidad de vida de sus habitantes con herramientas propias.
La autonomía no es un punto de llegada. Es el comienzo de una nueva etapa y una responsabilidad que debemos asumir entre todos.
San Lorenzo tiene la oportunidad de escribir sus propias reglas. Y, sobre todo, de decidir qué ciudad quiere ser. A eso vamos.



