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En las aguas sin límites, Emilia Bäer encuentra su lugar… y brilla

Es delgada, menuda y tiene facciones de nena, porque eso es: una nena que el 3 de julio celebrará, apenas, su cumpleaños número 12. Que aún va a la primaria: sexto grado en el Colegio San Carlos, turno tarde. Que mira a los ojos pese a estar frente a un adulto al que casi no conoce. Que tiene la mirada clara que poseen quienes portan su edad.

Viéndola sentada en canastita en un ambiente de su hogar, ¿quién podría adivinar que acaba de consagrarse como la mejor nadadora de aguas abiertas del país en su categoría? Pero este sábado 11 de abril, en el balneario Brigadier Estanislao López de la ciudad santafesina de Santo Tomé, esta diminuta gran nadadora del club Red Star, de San Lorenzo, se consagró campeona del Circuito Argentino de Aguas Abiertas fiscalizado por la Confederación Argentina de Deportes Acuáticos.

«Sí, mi objetivo era salir campeona»

«Fue la carrera más dura, junto con la primera», dice la jovencita, y su rostro denota que aún tiene bien presente el rigor de esas competencias. «En la última hubo mucha correntada», sustenta, «y en la primera» (el 21 de febrero, en Santa Fe), «por las condiciones climáticas, a los más chicos nos redujeron la distancia de la carrera». Esa distancia es, habitualmente, de entre 2,5 y 3 km.

Emi apoya todo el tiempo con sus manos sus dichos. En las dos carreras mencionadas obtuvo el segundo puesto. Pero ganó en la de Cordoba, el 28 de febrero. Luego fue tercera en Punta Negra (San Juan) el 21 de marzo. Y por sumatoria de puntos, se coronó en Santo Tomé. Tal como quería y se había fijado como meta – vaya determinación para una persona de tan corta edad – junto a sus entrenadoras Isabel y Ailén. «Y si no se daba este año, lo intentaríamos el año siguiente», expone. Lo dice en plural; o sea, toda una declaración de principios y valores para trabajo en equipo.

«Alegría, felicidad y orgullo»

Papá Germán corrió la Santa Fe-Coronda este año y logró completar todo el recorrido. En el último tramo, Emi y su hermano se metieron en el río y bracearon junto a «Mono» Bäer hasta que él tocó el pontón de llegada. Luego, la imagen de papá, hija e hijo abrazados hizo lagrimear a más de cuatro… «Sentí alegría, felicidad y orgullo por él, porque era su sueño», cuenta la jovencita. Y no casualmente (seguro que no), pronuncia las mismas palabras cuando se le pregunta qué sintió al saberse campeona: «Mucha alegría y felicidad, y mucho orgullo». Pero la expresión tan genuina y cristalina de su rostro al decirlo fue algo que los adultos, tan limitados, jamás podremos imitar. Inigualable tesoro de la infancia…

«Compromiso, amigos, familia»

Además de destacarse en pileta (ya fue a campeonatos nacionales y repetirá durante 2026), Emilia nada en aguas abiertas desde sus 7 años y reconoce que el hecho de que su viejo haya abrazado esta especialidad tuvo incidencia en que ella lo haya hecho también. Jura que le va bien en el colegio pese a que sigue una bien exigente rutina de entrenamiento – en Red Star – de lunes a viernes por la tarde más tres días por la mañana, y esto último incluye a los sábados.

«La natación es el compromiso, fundamentalmente. La felicidad, los amigos, la familia. Todo eso», define, pequeña soberana de aguas libres y horizonte sin fin. ¿Sabrá, Emi, que el abuelo Bäer era un apasionado de la Santa Fe-Coronda, la misma que este año tuvo a su papá como participante? ¿Querrá correrla, algún día? Vaya uno a saber. Por ahora, como los de su edad, es dueña del futuro. Como debe ser.

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