
Por Alexis Ros, Líder de Gestión de Talento.
Hace unos días, la imagen de dos cuadras de personas esperando para dejar su currículum para una búsqueda laboral en San Lorenzo llamó la atención de todos. Detrás de esa fila hay algo mucho más profundo que una convocatoria: hay personas que buscan una oportunidad, necesitan trabajar, mejorar su calidad de vida o encontrar un nuevo camino laboral.
Porque una fila de personas buscando trabajo también nos obliga a mirar qué sucede del otro lado: qué buscan las empresas y qué encuentran cuando reciben cientos de currículums.
Los últimos datos del INDEC muestran un aumento de la desocupación en el Gran Rosario. Pero detrás de esos números hay una pregunta que también vale la pena hacerse: ¿qué sucede cuando una empresa abre una búsqueda laboral?
Desde mi experiencia en Gestión de Personas, puedo decir que hoy recibimos muchos más currículums que algunos años atrás. Sin embargo, la cantidad no siempre significa encontrar los perfiles que estamos buscando.
Si una empresa necesita incorporar un ingeniero, por ejemplo, es habitual recibir currículums de personas con perfiles administrativos, comerciales u operativos. Son personas que quieren trabajar y están intentando abrir una puerta, pero sus conocimientos y experiencias no necesariamente coinciden con lo que requiere esa posición.
Por eso, tener muchas postulaciones no significa necesariamente que sea sencillo cubrir una vacante. Del otro lado de cada CV hay una persona buscando una oportunidad, pero también una empresa que necesita determinadas capacidades, conocimientos y experiencias.
Creo que hacia adelante los perfiles técnicos van a tener cada vez mayor importancia, particularmente en nuestra región. Vivimos en un polo industrial y tenemos por delante inversiones y ampliaciones de grandes empresas vinculadas, entre otras actividades, a la industria y a la exportación de granos. Ese movimiento puede generar nuevas oportunidades laborales y una mayor demanda de ingenieros civiles, industriales, electrónicos y de otros perfiles técnicos.
Entonces, ¿cómo debería encarar una búsqueda alguien que hoy está buscando trabajo?
Lo primero es hacerse dos preguntas: ¿en qué soy bueno? y ¿en qué tipo de empresa me gustaría trabajar? A partir de ahí, armar un currículum que refleje quién soy, qué sé hacer y qué puedo aportar, y orientarlo hacia aquellas búsquedas donde mis conocimientos tengan sentido.
También es importante prepararse para la entrevista. Siempre digo que hay algo que no debería negociarse: la verdad. Si no sabemos hacer una determinada tarea, es mucho mejor decirlo y mostrar interés en aprender que inventar experiencia y después no poder sostenerla.
Y hay cuestiones simples que también hablan de nosotros: revisar el CV antes de enviarlo, ordenar correctamente la experiencia laboral, cuidar la presentación y, si la entrevista es virtual, preparar el lugar, la conexión y el entorno.
Hay un tema que aparece muchas veces cuando hablamos de currículums: “la foto”. En lo personal, como reclutador, me gusta que el CV tenga una.
No porque crea que una persona deba ser evaluada por su aspecto. Todo lo contrario. Cuando recibo un currículum, estoy entrando por primera vez en la historia de alguien: dónde estudió, dónde trabajó, qué aprendió y qué está buscando para su futuro. Hay una persona detrás de todo eso.
Por eso, cuando termino de leer esa historia y no puedo ponerle una cara a quien me la está contando, siento que falta algo. Para mí, la foto no debería ser un filtro. Un buen reclutador no debería decidir si alguien es apto o no por cómo sale en una imagen. Simplemente ayuda a ponerle un rostro a esa historia.
Y vuelvo a esa imagen de las dos cuadras de San Lorenzo.
Cuando la veo, pienso en las dos realidades que conviven en una misma escena. De un lado, cientos de personas esperando una oportunidad, con la expectativa de conseguir un trabajo que les permita crecer, sostener a su familia o simplemente mejorar su calidad de vida. Del otro, una empresa que quizás necesita incorporar a pocas personas y que, por las características del puesto, tal vez no pueda darle una oportunidad a muchas de ellas.
Eso no hace que esos CV pierdan valor. Cada uno cuenta una historia, muestra un recorrido y expresa las ganas de alguien de seguir adelante.
Quizás el desafío que tenemos por delante sea lograr que esas dos realidades se encuentren cada vez más: que quienes buscan trabajo puedan prepararse para las oportunidades que vienen y que las empresas puedan seguir creciendo y generando nuevos puestos de trabajo.
Porque cuando alguien deja un CV, no está dejando solamente una hoja.
Está dejando una parte de su historia y diciendo: “Esta es mi oportunidad. Ojalá me conozcan”.



