
Hay puertas que comunican habitaciones. Otras, según la literatura de Dante Sandrigo, pueden conducir hacia otros mundos factibles. Sobre esa idea gira La puerta, la sexta novela del escritor sanlorencino, que será presentada este sábado 8 de agosto, a las 18 h, en el bar ubicado en Belgrano 657, siendo Orfeo Pecci quien introduzca la obra ante el público.
Profesor de Filosofía, empresario y escritor, Sandrigo vuelve a elegir a San Lorenzo como escenario de una historia que utiliza la ficción para explorar preguntas mucho más profundas que las que plantea su argumento.
«Normalmente mis novelas se ambientan en San Lorenzo», dice el autor. También aclara que nunca le interesó escribir historias por la historia misma. «No me interesa mucho la trama en sí, sino que sea una excusa para hablar de determinados temas. Busco que el lector esté cómodo y descubra».
En ese sentido, el título del libro resume toda una declaración de principios. «Todo lo que implica una puerta me interesa. Siempre hay algo más allá, para entrar o salir. Puede dejarse abierta o cerrada, pero cada vez que alguien la abre existe una expectativa. Además, detrás de La puerta cada persona encuentra algo distinto», sostiene el escritor.
En la novela, esa puerta conduce a una realidad que desafía los límites de lo cotidiano. «A lo que accede cada uno al cruzarla es a esa realidad que llamamos ficcional o fantástica, pero que también forma parte de una realidad verdadera, sólo que con otra materialidad. Hay otro mundo, otro universo, otra posibilidad de ser», postula Dante. Y manifestado así, vaya uno a no creerle…
Aunque también escribió teatro, cuentos y ensayos, este hombre encontró en la novela el género donde mejor desarrolla esas inquietudes. «Cuando uno escribe ficción está transmitiendo un mensaje, como esa botella que se lanza al mar esperando que alguien la encuentre y lea lo que lleva dentro», enfatiza.
La Filosofía ocupa un lugar central en esa búsqueda. Lejos de aparecer como un elemento académico, se convirtió en una herramienta para ampliar su mirada como escritor. «La filosofía llegó como continuidad de la literatura. En un momento sentí la necesidad de abrir más mi cabeza para escribir mejor mis temas. Hoy forma parte de mi manera de vivir y siempre está presente en lo que escribo».
Su forma de construir las novelas también escapa a los métodos tradicionales. No trabaja con esquemas ni planificaciones previas. «En esta novela y en las dos anteriores escribí por repentización. Me siento con un cuaderno y una birome, tengo el tema, pero no la historia. En La puerta sólo sabía que cuando alguien atravesara una puerta iban a pasar cosas. Qué cosas… no tenía la menor idea».
Ese proceso creativo comienza siempre del mismo modo desde hace años: un cuaderno nuevo, pintado con aerosol como homenaje al universo creativo de Charly García, de quien es admirador irredento y sobre cuyas letras de canciones escribió ese formidable análisis poético y filosófico llamado «Charly García: el vicio de la eternidad», que dicho sea de paso, está a nada de agotarse y, por tanto, de tener su segunda edición.

Libro terminado, vínculo modificado
«Mientras escribo, el trabajo es completamente mío. Pero cuando el libro se publica deja de pertenecerme. Pasa a ser del lector. Lo que emociona es descubrir qué encontró cada uno en esa lectura», propone, con entusiasmo.
Quizás por eso tampoco vive con ansiedad la difusión de sus obras. «Muchos me reprochan que no promociono los libros. Pero siento que mi trabajo termina cuando termino de escribirlos. Después ya estoy pensando en el siguiente».
Ese próximo proyecto ya está en marcha y tiene título: Infinita.
Para Sandrigo, escribir no es una elección sino una necesidad. «Es la forma que encontré para comunicarme. Me resulta mucho más sencillo escribir para dar a conocer lo que quiero decir. Escribir me hace inmensamente feliz. Cuando no estoy escribiendo… aparece una angustia».
En tanto, la eventual repercusión comercial ocupa un lugar muy secundario. «La hipotética venta de mis libros es anecdótica», afirma.
La edición de La puerta también marca un cambio estético. Por primera vez la ilustración de tapa no fue realizada por Silvina Perea, sino por la editorial, a partir de una idea del propio autor: una puerta de estilo art decó, aislada en medio del campo. «Quería que estuviera sola allí, como una imagen del infinito».
Con esa misma invitación a atravesar un umbral hacia otras posibilidades, Dante volverá a encontrarse con sus lectores este sábado. Y, como ocurre con toda buena literatura, será cada uno quien descubra qué hay del otro lado de esa puerta.




