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¡Gracias! Susana Diana cerró su etapa en la Salud Pública: «Me voy agradecida y muy feliz»

El 31 de diciembre, tras 31 años y algunos meses trabajando en el área de Salud y 19 años prestando servicios en la Municipalidad de San Lorenzo en la misma materia, Susana Diana dejó la función pública, al acogerse a los beneficios de la jubilación. De este modo, la subsecretaría de Salud del municipio ha de quedar en manos de otra persona.

De todos modos, Susana seguirá trabajando: «Tengo todas las ganas de seguir haciéndolo, aunque ¡claro! ya no depende de mí», cuenta, divertida. «Será en la medida en que me inviten a hacerlo», suma. Y sí: continuará vacunando en ALPI, la organización que tiene su sede sanlorencina en San Carlos 1176. «Es que la comisión me dio todo su apoyo», explica, como si hiciera falta. Así que los sanlorencinos seguiremos beneficiándonos de su mano celestial a la hora de aplicar inyectables y de su don de gentes, su herramienta sabia e infalible a la hora de tratar con pequeñines asustados.

«Empecé con Raimundo padre y me voy con Raimundo hijo»

Susana se educó en los colegios Nuestra Señora de la Misericordia y el exNacional N° 1 (hoy, EESO N° 438). «Siempre tuve en mi cabeza el dedicarme a la salud. Mi papá, en cambio, pensaba en cosas como corte y confección. Me quería morir. ¡Eran otros tiempos!», cuenta Susana, y ríe. «Él planteaba, por ejemplo: ‘¿Cómo vas a viajar a Rosario todos los días?’. Y cuando tuve que mudarme a esa ciudad porque el tiempo no daba para viajar, entre cursado y prácticas, ‘¿Cómo te vas a ir a vivir allá? ¿Cómo vas a pagar tus gastos?’. Pero era lo que yo quería hacer; la costura no era lo mío».

Susana inició su carrera, entonces, en el desaparecido Instituto Médico Regional, en 1979 y de la mano del doctor Juan José «Coco» Raimundo, padre del actual intendente de San Lorenzo. Allí trabajó en la sala de terapia intensiva. De esa forma empezó a ganar oficio y conocimiento de campo mientras estudiaba para ser enfermera profesional en los hospitales Freyre y Provincial, de Rosario. En 1981 pasó a la también extinta Clínica San Lorenzo (Riccheri 580): «Allí me desempeñé en la parte asistencial. Luego estuve en el Hospital Eva Perón, de Granadero Baigorria – como interina, pese a tener un nombramiento de la Provincia – y, ya instalada en Rosario, en el Centro Asistencial San José, un hogar para ancianos en el que me encantó estar», recuerda, y se percibe su gratitud.

Ya en 1983, ingresó a Industrias Delta (Puerto San Martín), «donde trabajé con el doctor Rogelio Beltramone, abuelo de quien hasta hace poco fue secretario de Salud y Preservación del Medio Ambiente, el doctor Nicolás Beltramone», prosigue Susana, destacando una coincidencia más. «Estuve 10 años hasta que la empresa cerró. Entonces me puse firme a estudiar licenciatura en enfermería en la Universidad Nacional de Rosario y me recibí en 1996. Y en 2000 entré a ALPI, en donde sigo hasta hoy».

2006: el año en que Susana llegó a la Municipalidad de San Lorenzo

«La secretaria de Salud era la doctora Petruzzi. Luego llegó la gestión actual, en la que comencé desenvolviéndome en centros de salud y con el paso del tiempo, fui coordinadora de Atención Primaria de la Salud y después, hasta el 31/12, subsecretaria de Salud», precisa esta licenciada, siempre afable, siempre dispuesta, siempre cordial sin importar cuán tormentosos soplen los vientos.

«A Leonardo Raimundo le agradezco mi pase a planta permanente y su apoyo y su confianza permanentes. Fue muy lindo poder ejercer en la Municipalidad y cambiar un montón de cosas que no funcionaban bien. Por ejemplo, logramos que todos los enfermeros hicieran el curso de vacunación, para lo cual la Municipalidad pagó los viáticos de un curso largo y tedioso. Fue un hecho trascendental, porque la herramienta fundamental de la salud es la inmunización, para que la gente no se enferme. Los vacunadores somos los enfermeros y tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien».

Nuestra enfermera no deja de mencionar a los doctores Ríos, Delgado, Soria, Beltramone y Ros; todos los secretarios de Salud durante el mandato de Raimundo. «Agradezco muchísimo la confianza que siempre me destinaron; que me consultaran, me escucharan y me aceptaran propuestas. Tuve la suerte de compartir con el equipo técnico de proyectos y de aportar mi grano de arena para mejorar las cosas. Todo puede mejorar; siempre hay que corregir y no tienen que faltar voluntades», sentencia esta vigorosa mujer.

La pandemia, una bisagra

«La tarea fue titánica. No conocíamos esto y tuvimos que armar, desde cero, una estructura gigantesca, armando consultorios, dando respuestas telefónicas. Terrible. Y además de formarnos, teníamos que cuidarnos nosotros también. Yo ya era personal de riesgo pero no me importó porque había que cuidar y atender a la gente«

Al final, lo primero es la familia

Susana tiene esposo y dos hijos («el mayor, abogado y músico, integra las orquestas sinfónicas Municipal y Provincial, y el menor es licenciado en Enfermería, como yo») y a ellos pone en primer plano a la hora de rescatar apoyos imprescindibles que tuvo y sin los cuales no podría haber cumplido este recorrido: «Mi esposo me ayudó a hacer cosas y me acompañó a mil lugares; se bancó todas las horas fuera de mi casa y las llamadas por teléfono en momentos de comida o de descanso. Trabajé mucho cuando mis hijos eran chicos, pero hoy veo que eligieron, como yo, hacer lo que los hace felices y entonces creo que un legado les he dejado», confiesa, con cierta emoción. Natural, claro.

«Hola ¿Cómo estás? ¿Sos feliz?»

«Me sentí feliz haciendo lo que me gustó hacer y elegí para mi vida. Nada más lindo que eso. La salud pública me apasiona: la difusión, la promoción y el dar a la gente posibilidades. Tuve momentos desafortunados y momentos mejores; me quedo con los últimos y con las ganas intactas de seguir trabajando», responde Susana.

«Los medios me ayudaron mucho; siempre me dieron espacio para comunicar lo que íbamos a hacer: las jornadas por el día mundial de una enfermedad; los circuitos para ingreso escolar; las campañas; el valor agregado de incrementar la infraestructura, como la nueva sala de cardiología del CIC En definitiva, todo aquello que el municipio se pone al hombro para financiar y hacer», admite.

Para el final, reaparece la figura de papá. «Me costó muchísimo esfuerzo sostenerme. Amén de que me gustaba, trabajé en el Centro San José porque me daban comida y una cama. A papá le agradezco su infinito apoyo. Tuve su reconocimiento cuando estando enfermo lo asistí, haciéndole una extracción de sangre. Eran los últimos días de su vida; tomó mi mano y me agradeció. Sé que él está feliz por mí«.

Dos anuncios

Susana Diana es agente de salud de alma. Por eso pidió un espacio para comunicar estas novedades: «Desde el 1° de enero está vigente un cambio en el calendario de aplicación de la vacuna triple viral: la segunda dosis, en lugar de a los dos años de vida, se aplica a los 18 meses. Y desde el 12 de enero se administrará otra vacuna, la del virus sincicial respiratorio, a embarazadas que estén entre las 32 y 36 semanas de gestación».

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